
¡Hola! Somos Tania y Juan y este es nuestro análisis de noticias de medioambiente de la semana. Hoy te hablamos de los disruptores endocrinos y su relación con la contaminación química, de victorias y derrotas ambientales de una planta inmobiliaria de Fiyi.
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DISRUPTORES ENDOCRINOS
Cuando hablamos sobre la menstruación, hay una pregunta que se repite: ¿por qué las niñas tienen su primera regla cada vez más pronto? Un estudio recién publicado nos da las claves para entender, al menos, parte de la causa: la exposición a contaminación ambiental de los abuelos puede adelantar la pubertad de sus nietas.
Para llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron muestras de sangre de 250 parejas tomadas en los años 60, sus hijas (que nacieron en esa misma década) y sus nietas (que lo hicieron en los 90). Midieron la presencia de químicos que actúan como disruptores endocrinos (es decir, que pueden interferir en el sistema hormonal) y que están presentes en productos de higiene, plásticos o alimentos procesados.
Encontraron que algunas de estas sustancias se acumulan en la sangre y pueden alterar el sistema endocrino generaciones después. La edad media de la primera menstruación se mantuvo estable entre las abuelas y sus hijas, pero se redujo un año entre las hijas y las nietas. Este adelanto puede aumentar la probabilidad de desarrollar problemas de salud mental, enfermedades cardiometabólicas o cáncer a lo largo de la vida.
UNA BURBUJA INMOBILIARIA
En los bosques de las islas Fiyi, ser hormiga no es fácil. El suelo es un lugar a evitar: está lleno de depredadores y las lluvias constantes lo inundan con frecuencia. En las alturas, el espacio escasea, por lo que las 18 especies diferentes de hormigas de Fiyi suelen estar en lucha constante para encontrar casa. Salvo cuando se topan con una planta del género Squamellaria.
Estas plantas no tienen raíces, sino que crecen directamente sobre otros árboles, estableciendo una relación de comensalismo (ellas sacan un beneficio mientras los árboles no se ven perjudicados ni beneficiados). Pero la cosa no se queda ahí, porque son maestras de las relaciones entre especies.
En su base, las plantas del género Squamellaria desarrollan una estructura hueca que se hincha hasta alcanzar aproximadamente el tamaño de un balón de fútbol. Y aquí vuelven a entrar las hormigas.
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